El nerviosismo cundía entre todos. Mal que mal habíamos alcanzado la adolescencia minutos antes, cuando la pubertad le cedía el paso. Dejamos de ser los mayores, para comenzar a sentirnos proclives e indefensos una vez más. Ingresábamos a Primer Año Medio, aquel instante en que la vida te obliga a ser más fuerte y mejor; inicias el camino a la adultez, y tu mayor desafío es demostrar con un promedio de cuatro elementos que lograste una PSU correcta que te abra las puertas a un horizonte anhelado.
Recuerdo que la mayoría comentaba la división de Ciencias Naturales (nombre de aquel entonces) en Física, Química y Biología; o lo difícil que sería afrontar álgebra y geometría reunidas en Matemática. Pero, ¿qué pasaba con Historia y Geografía? Los comentarios asignados la calificaban de fácil, que, prácticamente, era igual que en Educación Básica, en fin. Claro, acusaciones a priori, no obstante, compuestas, en gran medida, por los dichos de hermanos mayores, amigos o conocidos.
La primera clase de esta, para mí, fundamental asignatura no podía posarse de mejor manera en el horario: lunes y miércoles a contar de las ocho de la mañana. Hora en que el alumnado se encuentra fresco y psicológicamente más abierto, según propios especialistas. Nuestro docente ingreso al aula la primera mañana de la semana con un maletín en la mano, revestido su cuerpo de un formal gris y serio rostro a prueba de insolencias. Ingresaron fácilmente a su sueldo dos horas pedagógicas sin mayor esfuerzo. Entrevistas personales a viva voz, y un breve recorrido oral por lo que sería la materia a tratar en el semestre fueron la tónica. Aceptable como primer contacto. Suponía que la del miércoles y las venideras cátedras tendrían un sabor especial. Sin embargo, no fue así. El encantamiento con la masa no llegaba; más de algún bostezo, solicitudes continuas para recurrir al baño y repetidas interrupciones de mis coetáneos hablaban de ello. Debía hacerse una cirugía inmediata. De hecho, los mismos pupilos lo solicitábamos al profesor. Mas su mandato ejerció. Si hay una gran ventaja respecto de quienes imparten la Historia y Geografía con el resto de sus colegas de otras áreas, es que está la capacidad de abrir un poco más la mente, percibir que los tiempos cambian y con ellos las personas. Ese fue el gran detalle que este hombre olvidó en los pasillos de la universidad.
Hemos de reconocer que habitamos en la era de las comunicaciones, aquella que es heredera de la revolución de las ciencias. Las cifras y las fórmulas son lo que hoy comandan, no sólo por el hecho que con ellas logras materia fáctica y tangible, sino también dado que tu entrada económica será mucho mayor. Contrariamente, las letras y la cultura serán un bloque de segundo grado, a estudiar como aporte a la vida una vez alcanzadas las metas forjadas en el otro lado. Entonces, si a sabiendas de eso nos paramos frente a una manada de imberbes y no hacemos nada por contrarrestar sus efectos, ¿podremos tener la facultad de preguntarles el porqué no se callan? El pedagogo humanista debe manejar una serie de tácticas con el fin de cambiar el típico discurso que dice relación con que estudiar algo de esta área en la Enseñanza Superior es en respuesta a no haber obtenido un buen puntaje. Su misión es inculcar algo que en estos tiempos olvidamos: vocación, ante todo. Entonces, una buena clase de HYG se estructura tal como un árbol frutal. El primer contacto con los aprendiendo ha de ser el abono que depositaremos sobre la tierra fértil a plantar; un rostro fresco, un saludo espontáneo, un caminar seguro, acompañados ellos de una vestimenta pertinente al ejercicio de la pedagogía, pero acorde con los nuevos tiempos. Eso les dejará en claro que “este (a) viejo (a) vive en el mismo mundo”. Hay que estar atentos a sus conversaciones, lo que les inquieta. Tener un poco de conocimiento de sus temas, de su música, de sus ídolos; es fundamental a la hora de generar un recto tronco. Ahora, si la materia del educador va más allá de su propia área, menores serán las inclemencias que logren doblegar aquel madero. Por lo tanto, nos referimos a un holístico conocimiento, no necesariamente enciclopédico. Esos elementos son trascendentales al arrancar una clase, los que se favorecen con “lluvias de ideas”, repaso de la materia y una ubicación espacio-temporal a través de una línea de tiempo. Sobre esa base nacerán las ramas del vegetal, compuestas por una entusiasta exposición de materia, intentando una participación continua de los muchachos. Traer la información a estos tiempos será vital para que se contextualicen. Las hojas darán la belleza a este arbusto. Claro, pues el uso de data-show, transparencias y un conjunto de programas educacionales, captarán aún más su atención. Por último, para ver crecer un correcto fruto sobre sus copas, deberemos alimentar las raíces con disciplina, respeto, responsabilidad y los valores que cada generación, como humanos que somos, necesita.
Una correcta cátedra, no sólo de Historia y Geografía, no se sustenta sobre la base de rigidez e imposición que aprendimos de los otrora normalistas. El contacto continuo, más allá de la sala, es vital. Por algo se les califica de adolescentes, pues adolecen. Y nosotros debemos ser quienes les aportemos para mirar el mundo de otra manera, por medio de una consistente enseñanza de nuestra rama, fortificada con una nutritiva humanidad.
Recuerdo que la mayoría comentaba la división de Ciencias Naturales (nombre de aquel entonces) en Física, Química y Biología; o lo difícil que sería afrontar álgebra y geometría reunidas en Matemática. Pero, ¿qué pasaba con Historia y Geografía? Los comentarios asignados la calificaban de fácil, que, prácticamente, era igual que en Educación Básica, en fin. Claro, acusaciones a priori, no obstante, compuestas, en gran medida, por los dichos de hermanos mayores, amigos o conocidos.
La primera clase de esta, para mí, fundamental asignatura no podía posarse de mejor manera en el horario: lunes y miércoles a contar de las ocho de la mañana. Hora en que el alumnado se encuentra fresco y psicológicamente más abierto, según propios especialistas. Nuestro docente ingreso al aula la primera mañana de la semana con un maletín en la mano, revestido su cuerpo de un formal gris y serio rostro a prueba de insolencias. Ingresaron fácilmente a su sueldo dos horas pedagógicas sin mayor esfuerzo. Entrevistas personales a viva voz, y un breve recorrido oral por lo que sería la materia a tratar en el semestre fueron la tónica. Aceptable como primer contacto. Suponía que la del miércoles y las venideras cátedras tendrían un sabor especial. Sin embargo, no fue así. El encantamiento con la masa no llegaba; más de algún bostezo, solicitudes continuas para recurrir al baño y repetidas interrupciones de mis coetáneos hablaban de ello. Debía hacerse una cirugía inmediata. De hecho, los mismos pupilos lo solicitábamos al profesor. Mas su mandato ejerció. Si hay una gran ventaja respecto de quienes imparten la Historia y Geografía con el resto de sus colegas de otras áreas, es que está la capacidad de abrir un poco más la mente, percibir que los tiempos cambian y con ellos las personas. Ese fue el gran detalle que este hombre olvidó en los pasillos de la universidad.
Hemos de reconocer que habitamos en la era de las comunicaciones, aquella que es heredera de la revolución de las ciencias. Las cifras y las fórmulas son lo que hoy comandan, no sólo por el hecho que con ellas logras materia fáctica y tangible, sino también dado que tu entrada económica será mucho mayor. Contrariamente, las letras y la cultura serán un bloque de segundo grado, a estudiar como aporte a la vida una vez alcanzadas las metas forjadas en el otro lado. Entonces, si a sabiendas de eso nos paramos frente a una manada de imberbes y no hacemos nada por contrarrestar sus efectos, ¿podremos tener la facultad de preguntarles el porqué no se callan? El pedagogo humanista debe manejar una serie de tácticas con el fin de cambiar el típico discurso que dice relación con que estudiar algo de esta área en la Enseñanza Superior es en respuesta a no haber obtenido un buen puntaje. Su misión es inculcar algo que en estos tiempos olvidamos: vocación, ante todo. Entonces, una buena clase de HYG se estructura tal como un árbol frutal. El primer contacto con los aprendiendo ha de ser el abono que depositaremos sobre la tierra fértil a plantar; un rostro fresco, un saludo espontáneo, un caminar seguro, acompañados ellos de una vestimenta pertinente al ejercicio de la pedagogía, pero acorde con los nuevos tiempos. Eso les dejará en claro que “este (a) viejo (a) vive en el mismo mundo”. Hay que estar atentos a sus conversaciones, lo que les inquieta. Tener un poco de conocimiento de sus temas, de su música, de sus ídolos; es fundamental a la hora de generar un recto tronco. Ahora, si la materia del educador va más allá de su propia área, menores serán las inclemencias que logren doblegar aquel madero. Por lo tanto, nos referimos a un holístico conocimiento, no necesariamente enciclopédico. Esos elementos son trascendentales al arrancar una clase, los que se favorecen con “lluvias de ideas”, repaso de la materia y una ubicación espacio-temporal a través de una línea de tiempo. Sobre esa base nacerán las ramas del vegetal, compuestas por una entusiasta exposición de materia, intentando una participación continua de los muchachos. Traer la información a estos tiempos será vital para que se contextualicen. Las hojas darán la belleza a este arbusto. Claro, pues el uso de data-show, transparencias y un conjunto de programas educacionales, captarán aún más su atención. Por último, para ver crecer un correcto fruto sobre sus copas, deberemos alimentar las raíces con disciplina, respeto, responsabilidad y los valores que cada generación, como humanos que somos, necesita.
Una correcta cátedra, no sólo de Historia y Geografía, no se sustenta sobre la base de rigidez e imposición que aprendimos de los otrora normalistas. El contacto continuo, más allá de la sala, es vital. Por algo se les califica de adolescentes, pues adolecen. Y nosotros debemos ser quienes les aportemos para mirar el mundo de otra manera, por medio de una consistente enseñanza de nuestra rama, fortificada con una nutritiva humanidad.
1 comentario:
Estimado Estudiante:
Con respecto al criterio de claridad de la expresión creo que has logrado el propósito, empleas palabras bastante adecuadas y ordenas tu discurso de una forma muy coherente. Ahora aludiendo a tu capacidad de argumentar y tu calidad de reflexión, aun cuando no dejan de ser acertadas, debes tratar de profundizar tu opinión y dar soluciones algo mas concretas. Estamos de acuerdo en que existe muchas deficiencias dentro de la sala de clases pero no debemos criticar por criticar, sino ser más prácticos y proponer medidas puntuales. Junto con esto te invito a abordar el tema en cuestión de forma más inmediata, dejando la introducción algo más breve.
Te felicito por capacidad de persuadir al lector, logrando atrapar a la audiencia con tu capacidad oratoria.
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