Comidas familiares, asados con los amigos, reuniones sociales… frecuentes ambientes en los que se gesta conversación en torno a temas educativos. Los, para algunos, inalcanzables Normalistas ocupan gran parte del tiempo dedicado a ello. Con morriña se retratan la rectitud de sus clases, el monólogo frente al alumnado o los, muchas veces, inconcebibles castigos. Sus largos años de protagonismo en los Establecimientos nacionales aún dejan impronta en quienes ocuparon filas dentro de sus rebaños. Es que aquellas ovejitas obedientes hoy son nuestros progenitores, esos que reclaman ante la falta de respeto del alumnado y, contrariamente, no aceptan la imposición del docente. ¿De qué hablamos, entonces?
“Cómo hemos cambiado…”, decía un clásico tema español de los 90`s. La figura de una especie de jefe con su espalda hacia el pizarrón ya ha quedado en el olvido, producto de la saturación que ejerció. Hoy nos referimos a un “guía”; el profesor contemporáneo ha de reconocer la cierta independencia de sus pupilos, los que gracias a la era comunicacional en que se desenvuelven poseen un conocimiento previo mayor y un desplante décadas atrás inimaginado. Bajo ese prisma, el desarrollo de la clase debe gestarse en la interacción cercana con los muchachos, entendiendo que no son meros oyentes y receptores, sino que potenciales argumentadores y cuestionadores. Las aulas sin trabajo en grupo, discusiones colectivas o sin “lluvias de idea” ya pertenecen a otrora época. Así, el proceso enseñanza-aprendizaje se nos torna mucho más efectivo, pues los adolescentes acogen de mejor manera los contenidos, entendiendo que la asimetría es la pertinente y no abusiva. Todo ello se sustenta en los Marcos Curriculares contingentes con gran alusión a los Derechos Humanos, lo que no implica el gran error de creer que a los adolescentes ni siquiera podemos afrentarlos, con los llamados “traumas” que podrían producirse. Ha de ser un aula con los comportamientos mutuos pertinentes.
No debemos olvidar la constante preocupación del “profe” por respetar las mallas, unidades o cumplimiento de las solicitudes de los libros. Éste ha de desarrollar una labor con criterio, es decir, adaptarse a las exigencias o al contexto de la masa de los imberbes. Pasar por pasar la materia no tiene finalidad, más aún si es fáctica en abundancia. Debe ser tratada eficazmente para que así la retención de ella logre resultados en los futuros rendidores de PSU y, por sobre eso, ciudadanos capaces de dirimir y razonar. Fechas, nombres o lugares citados en demasía no harán más que perturbar y llenar hojas. En cambio, establecer diferencias entre etapas históricas o remarcas los pasos de una a otra nos harán un profesor de HYG mucho más cercano.
Cambios constantes son la tónica en nuestra contemporánea Educación. Apertura en la simetría, pero sobrecarga en los contenidos. Lograr el consenso es el desafío. Apoyarlo con motivación anímica, espléndido. No me refiero a un par de clases semestrales de orientación; que quienes estén frente a ti observen tu deleite profesional.
1 comentario:
Estimado Fahd:
Abordas temas de mucha importancia pero te invito a mejorar el orden de tu discurso. La falta claridad en algunas de tus reflexiones hace incomprensible tu escrito. Te sugiero que leas nuevamente las primeras líneas del ensayo y te darás cuenta que la introducción es muy poco clara y concisa. Junto con esto creo importante que desarrolles más tus argumentos, por ejemplo, si hablas de los Normalistas te sugiero que busques documentación al respecto. Es cierto que la propia experiencia, y la de los más cercanos es necesaria, pero debes investigar a cerca de las ventajas y desventajas de esta corriente para logra un equilibrio en tus opiniones.
A pesar que tu discurso invita a desarrollar un diálogo con el lector, te falta llegar a convencerlo. Tu nota es un 73.
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