(Basado en la observación: ¿Cómo enseñar para que la diversidad de estudiantes presentes en una sala de clases aprenda?)
Situados en un asado de ex compañeros de Educación Media, sería casi imposible hallar una respuesta unánime y homogénea entre ellos respecto al desempeño o capacidad de su otrora profesor de Historia y Geografía. La masa se dividirá entre aquellos que con un cargamento de críticas y observaciones lo recordarán, y los que jamás lo cambiarían si tuviesen que volver el tiempo atrás.
En esa línea debemos encaminarnos con la interrogante de hoy. Claro, pues las acotaciones dadas por aquellos jóvenes en esa distendida reunión sentarán sus bases en lo que lograron aprender y aprehender en las clases de antaño, y lo cercano que les resultaba el “profe”. El presente ensayo hace referencia a la diversidad con que nos enfrentaremos al momento de ingresar a nuestro mundo laboral, la ansiada sala de clases.
El gran desafío del pedagogo pasará por afrontar de la mejor manera posible aquella multirealidad de caracteres, contextos, realidades, perspectivas en el alumnado. Hemos de recordar que son cuarenta (aproximadamente) contra uno. Cuatro decenas (nos referimos a uno sólo de los tantos cursos a asumir) que han de digerirse eficientemente para así establecer un diálogo y nexo apropiado y, por sobre todo, fructífero. El objetivo se logrará mediante una predisposición a asumir que no todos quienes integran el salón son unísonos, por lo que nuestra labor ha de realizarse de manera amplia, enfocada en las divergencias de códigos y visiones que cada uno de ellos posea. En ese sentido, nuestra actitud personal y docente pluralista será el cimiento para erguir nuestras propias planificaciones, sustentadas en metodologías y recursos variados. Hincapié en desarrollar las distintas áreas del saber humano (oralidad, escritura) y en cómo enseñar, puesto que el aprendizaje será más sencillo, para una de las partes, con elementos visuales, para otros, escritos y, el resto, orales. No debemos olvidar el desarrollo kinésico en nuestro proceder, en lo que respecta a movimientos y gesticulaciones.
Todo el enfoque abordado iría de la mano con las políticas educacionales vigentes en nuestro país, yendo en relación con las divergencias y pluralidades asumidas por el Marco Curricular implantado por la Concertación.
¿No sería más agradable acudir a una clase en la que sabemos que el instructor intenta conocernos? No todos aprendemos ni aprehendemos de igual manera. Tampoco son seres sin iluminación alguna, sino capacitados de conocimientos previos. La odisea está en quien se encargue de transmitir los contenidos.
Situados en un asado de ex compañeros de Educación Media, sería casi imposible hallar una respuesta unánime y homogénea entre ellos respecto al desempeño o capacidad de su otrora profesor de Historia y Geografía. La masa se dividirá entre aquellos que con un cargamento de críticas y observaciones lo recordarán, y los que jamás lo cambiarían si tuviesen que volver el tiempo atrás.
En esa línea debemos encaminarnos con la interrogante de hoy. Claro, pues las acotaciones dadas por aquellos jóvenes en esa distendida reunión sentarán sus bases en lo que lograron aprender y aprehender en las clases de antaño, y lo cercano que les resultaba el “profe”. El presente ensayo hace referencia a la diversidad con que nos enfrentaremos al momento de ingresar a nuestro mundo laboral, la ansiada sala de clases.
El gran desafío del pedagogo pasará por afrontar de la mejor manera posible aquella multirealidad de caracteres, contextos, realidades, perspectivas en el alumnado. Hemos de recordar que son cuarenta (aproximadamente) contra uno. Cuatro decenas (nos referimos a uno sólo de los tantos cursos a asumir) que han de digerirse eficientemente para así establecer un diálogo y nexo apropiado y, por sobre todo, fructífero. El objetivo se logrará mediante una predisposición a asumir que no todos quienes integran el salón son unísonos, por lo que nuestra labor ha de realizarse de manera amplia, enfocada en las divergencias de códigos y visiones que cada uno de ellos posea. En ese sentido, nuestra actitud personal y docente pluralista será el cimiento para erguir nuestras propias planificaciones, sustentadas en metodologías y recursos variados. Hincapié en desarrollar las distintas áreas del saber humano (oralidad, escritura) y en cómo enseñar, puesto que el aprendizaje será más sencillo, para una de las partes, con elementos visuales, para otros, escritos y, el resto, orales. No debemos olvidar el desarrollo kinésico en nuestro proceder, en lo que respecta a movimientos y gesticulaciones.
Todo el enfoque abordado iría de la mano con las políticas educacionales vigentes en nuestro país, yendo en relación con las divergencias y pluralidades asumidas por el Marco Curricular implantado por la Concertación.
¿No sería más agradable acudir a una clase en la que sabemos que el instructor intenta conocernos? No todos aprendemos ni aprehendemos de igual manera. Tampoco son seres sin iluminación alguna, sino capacitados de conocimientos previos. La odisea está en quien se encargue de transmitir los contenidos.