(en relación al planteamiento: ¿Cómo promover un ambiente adecuado para el aprendizaje?)
Constantes y casi unísonas son las quejas de un gran número de futuros colegas respecto a la dificultad para desempeñar su labor educativa en medio de inquietos adolescentes. Pronunciamientos en torno a la escasez de su silencio, movilidad sin sentido (pararse y desordenar)… aspectos que poco a poco menoscaban la alta vocación con la que ingresaron a su Escuela de Pedagogía.
Constantes y casi unísonas son las quejas de un gran número de futuros colegas respecto a la dificultad para desempeñar su labor educativa en medio de inquietos adolescentes. Pronunciamientos en torno a la escasez de su silencio, movilidad sin sentido (pararse y desordenar)… aspectos que poco a poco menoscaban la alta vocación con la que ingresaron a su Escuela de Pedagogía.
Entonces, ¿qué sucede? Podríamos atribuir sin más la responsabilidad de los hechos señalados a la diferencia entre los jóvenes de ayer y de hoy (típico discurso adulto) o a la flexibilidad del Marco Curricular en cuanto al exceso de derechos por sobre los deberes (información tergiversada si miramos en detalle el Decreto Supremo 220). Pero lo cierto es que una gran cuota de autoría en el tema la poseen los propios portadores del discurso, los profesores, quienes con su proceder diseñarán, en gran medida, el contexto bajo el cual han de ejercer.
Debemos concebir que un ambiente adecuado para el aprendizaje es aquel vinculado a un silencio pertinente, sobre la base del respeto que toda interacción humana necesita. El lograrlo y hacerlo eficaz es el punto que hoy nos invita a esta argumentación. Y es que partiendo de la raíz misma, nos percataremos del vital y primario rol del docente en este punto. Captar la atención de los pupilos es fundamental. Quizás la innatez sea la manera más básica de obtenerla, pero ciertas conductas o acciones nos facilitarán la tarea. La legislación educacional vigente promociona una “conducta escolar consensuada”, en el sentido que tal como el instructor se comporte, el aprendiendo lo hará; la puntualidad del primero diseñaría la de los segundos, por ejemplo. En pocas palabras, los alumnos serán el fiel reflejo del “profe”. Por lo tanto, si queremos respeto hacia nosotros, demostremos, primero, la tolerancia y aceptación hacia ellos. Me refiero a conocerlos, acercarnos a sus códigos. De esta forma, nos sentirán captadores de su realidad. Con ello, el diálogo se tornará mucho más ameno y proxémico, obteniendo lo que debemos realmente buscar al momento de insertarnos en cualquier sala de clases: aprendizajes significativos.
A fin de cuentas, se trata, simplemente, de fijar un clima de entendimiento y razón, actuando con persuasión y trato humanitario, lejano a la doctrina de terror y pánico. Eso sí, la asimetría entre uno y otro sujeto ha de mantenerse, obviamente alejados del protagonismo del pedagogo de antaño, pues, mal que mal, son jóvenes en etapa de descubrimiento y carentes de las reglas delimitantes que toda persona debiese poseer para habitar perfectamente en sociedad. Tal jerarquía, si se le desea llamar así, hallaría su sustento en la demostración de sabiduría (no entendiéndola como Paradigma Técnico) del preceptor y del respeto que este expulsase. Acompañado todo ello por una vestimenta pertinente, etc.
No intentaremos encallar en un puerto de gélida pedagogía medieval, sino más bien en uno de interacción que prepare la base para el futuro social que les espera. Tal vez un aula estética y bien acompañada de mapas y gráficas educativas les configuraría una mirada al entorno un tanto más cálida.
1 comentario:
Estimado Fahd:
Paso a describirte cada criterio evaluado:
Claridad en la expresión: Excelente ortografía, igual que el orden.
Comprueba lo que piensa argumentando sólidamente: Evidencias conocimiento y elaboración en lo que escribes, solo te sugiero que seas un poco mas explicito al platear tus aseveraciones.
Logra persuadir al lector: Realizas un discurso atractivo consiguiendo convencer.
Calidad de la reflexión: Reparas en temas interesantes, como lo es la empatía que debe existir dentro de una sala de clases o el rol de modelo que cumple el docente, pero te sugiero que cuides de realizar frases un tanto aisladas del contexto en el que escribes, las que no son fáciles de entender y requieren de las de un leída. (Para evidenciar esto puedes leer las últimas líneas del cuarto párrafo)
Compromiso con la audiencia: Escribes en primera persona pero podrías generar diálogo con los lectores a través interrogantes dirigidas precisamente a ellos.
Tu nota es un 87
Atte.
La profesora
Publicar un comentario