Con tan sólo cuatro años en este mundo, Matías debió deshacerse de sus cobijadoras sábanas temprano en la mañana. El furgón de coloración amarilla en los venideros minutos se alzaría en la puerta de su hogar, por lo que las acciones debían ser concisas. Ducha, impecable vestir y desayuno nutritivo fueron la tónica. Todo listo para adelantarse a la bocina del vehículo, salvo su ánimo de infante. ¿Qué quieres que haga?, preguntó mamá. Debes acostumbrarte, para que cuando trabajes no tengas problemas.
Y la cadena continúa. Ya no basta con los otrora doce años de educación obligatoria. Pre Kinder y Kinder son casi obligatorios en nuestros retoños. A contar de ese momento, gran parte de la infancia e ingenuidad comienza a ser arrebatada. El objetivo: instrucción para afrentar el futuro. O si se prefiere bajo las mismas palabras del Marco Curricular del MINEDUC: “ofrecer a alumnos y alumnas unos conocimientos, unas habilidades y unas actitudes, relevantes para su vida como personas, ciudadanos y trabajadores, así como para el desarrollo económico, social y político del país”. La función de nuestros Establecimientos Educacionales no es otra que replicar los valores y contenidos que, según consenso, las futuras generaciones deben adquirir. Ello va mucho más allá de que todos los alumnos consuman las mismas materias; está la intención implícita de establecer normas, caracteres y perspectivas en ellos. Eso que Paulo Freire agrupa bajo el nombre de “currículum oculto”. Y en ese proceder, es el propio Profesor quien desempeña la labor fundamental, pues es el transmisor de los Objetivos, quien dejará la impronta al tener todo en su poder. Es ahora cuando puedo captar la frase de uno de nuestros académicos universitarios: “ustedes, futuros docentes, son guerrilleros. Tienen una metralleta en sus manos”. De éste “intermediario” depende la orientación de las clases y la consideración hacia quienes están en los pupitres.
La interrogante es clara, al igual que su respuesta. La meta no es otra que enmarcar a los aprendiendo dentro de un modelo establecido por la política y economía dominante, con la finalidad que todos adquieran lo que la sociedad de ellos necesita. Enseñamos para desarrollar las competencias que los puedan hacer fuertes, necesarios y sobrevivientes en el grupo humano. Luego del respectivo periodo escolar deberán escoger una ruta y para eso han de estar impregnados con lo aportado en el aula. Todo se traduce en promedios calificativos, una especie de contraseña para cruzar el umbral esperado. Platón en la Grecia Antigua nos configura un modelo educativo cuyo fin es buscar los ejecutores de la sociedad, con los labradores, guardianes y filósofos. Hoy es prácticamente lo mismo, con la gran diferencia estampada por la Revolución Industrial en torno a educar técnicamente y en forma masiva (en Grecia la Educación era de elite) para sentar las herramientas que los jóvenes utilizarían en su vida laboral. He ahí al célebre Miguel Mateos con su hit ochentero: “Nene, nene qué vas a sercuando seas grande...”. De antemano haz de configurar lo que se avecinará.
Eso sí, y como en todo ámbito de cosas, no todo está dicho. Dijimos ya el gran poderío con que el pedagogo cuenta. De nosotros dependerá cambiar un tanto el curso de las aguas. ¿Por qué remitirse a que las generaciones que pasen por nuestras manos sean meros receptores? Hemos de desarrollar entes pensantes, sobre todo si se trata de nuestra cátedra. Está bien, somos parte de un sistema y ante eso es difícil combatir, pero contamos con privilegios frente al resto. Es mucho más sabroso, vocacional y satisfactorio el preparar adolescentes capaces de responderle a sus hijos el porqué de la venida de Colón o que, básicamente, tomen conciencia del político por quien votan. Que el consumismo desenfrenado o la individualidad resten su importancia, tendrá como gran resorte la labor pedagógica.
Se trata, entonces, de no sólo cumplir con los contenidos para hacerlos parte de este engranaje imparable, a la vez de trabajar con seres para lograr verdaderas personas, capaces de dirimir y convivir en sociedad.